Si fuera un piojo



Estefanía 

C.P. Ramón Saínz de Varanda (Zaragoza)

Esta mañana, al despertarme he ido al baño y me he dado cuenta de que todos los muebles eran muy grandes: el váter, el lavabo, la ducha… Mientras observaba asustada todo el cuarto pensé en mirarme al espejo.

¡Ahhh! Qué susto. Era un terrible piojo peludo con seis patas.

Cuando mi hermana se despertó aproveché para colarme en su cabeza. ¡Qué bien! Qué chula era mi nueva casa. Tardé un rato en acostumbrarme, sobre todo a mis patitas, porque no había sido un piojo antes, pero tampoco estaba tan mal.

Entonces, de repente, cayó una gran lluvia que se me llevaba por delante. Resbalaba sobre la cabeza de mi hermana y hube que agarrarme bien fuerte a uno de sus pelos. Después tuve que soportar unas bruscas sacudidas, jamás había sufrido un terremoto y pasé mucho miedo, pero mis problemas no habían hecho más que empezar.

Una gran nevada que olía espantosamente mal lo inundaba todo. Yo estaba muy asustada y empezaba a marearme.

Cuando se me cerraron los ojos resbalé y caí arrastrada por una enorme cascada que acababa en un gran agujero, el desagüe de la ducha.

Me sentía sola y desgraciada, pero enseguida me di cuenta de que no estaba sola, mis padres, convertidos también en piojos, estaban conmigo. Viviríamos felices en nuestra nueva casa (la alcantarilla).

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